Cómo se hizo: la idea

        Como tantas cosas, empezó con una imagen muy simple: un padre y su hijo (de unos 8 años) caminando de la mano cerca de un acantilado. Varios años después, y con no poco trabajo por medio, esa simple imagen se ha convertido en una historia de más de 400 páginas.

        Me ocurre a menudo: me asaltan ideas en cualquier momento, relacionando cosas que he visto o que he leído. Imagino que le pasa a mucha gente. En mi caso, lo único malo es que estas ideas me suelen asaltar a las 3 de la madrugada, y luego ya no me puedo volver a dormir en mucho rato. No me voy a quejar. He resuelto no pocas cosas gracias a estas ideas que me asaltan en mitad de la noche. Pero eso, como diría Michael Ende (http://es.wikipedia.org/wiki/Michael_Ende), "es otra historia y debe ser contada en otra ocasión".

        En lo tocante a ideas para historias, muchas de las que tengo terminan olvidadas. O, mejor, descartadas. Por suerte, esta no la descarté. Inicialmente pensé en utilizar esa imagen inicial para construir una historia acerca de la amistad de ese padre y su hijo con un anciano que poco a poco les iba narrando la historia de un viaje fantástico. Imaginé que podía utilizar esa historia fantástica para acercar al lector joven a aspectos (no siempre agradables) con los que se habría de encontrar más adelante en la vida. Imaginé nombres, situaciones y aventuras, y durante un tiempo medité seriamente sobre todo lo que se estaba formando en mi cabeza. Y entonces, un buen día, lo deseché todo.

        ¿Que por qué? Sencillo: por un lado, cuantas más ideas se me venían a la cabeza más me daba la impresión de que estaba a punto de reescribir Los Viajes de Gulliver (http://es.wikipedia.org/wiki/Los_viajes_de_Gulliver), solo que con un título distinto. Por otro lado, mis circunstancias del día a día me repetían una y otra vez la misma pregunta: ¿por qué una novela para jóvenes tiene que ser "educativa"?

        Es decir, la lectura ya es enriquecedora por sí misma. Cualquier situación que presentes, cualquier personaje que dibujes, significará algo para alguien, y cada uno sacará sus conclusiones. Así que decidí divertirme, simplemente escribir para pasármelo bien e intentar entretener.

        Entonces fue cuando entró en juego el elemento fantástico.

        Sinceramente, creo que no tengo demasiadas dotes para el género fantástico puro, aunque la idea que tenía en la cabeza, hasta ese momento, dependía casi enteramente de él. Me parecía un terreno donde difícilmente podía aportar cosas nuevas, y traté de encontrar una vía distinta. O, para ser más exactos, una vía paralela. A partir de ese momento fue cuando encontré el verdadero germen de La Puerta de Albequa, y lo encontré haciéndome la siguiente pregunta: ¿cómo puedo incorporar el elemento fantástico a la vida de una persona normal? No fue fácil, pero ya tenía mi vía paralela. A partir de ahí sólo quedaba trabajar, tener constancia, y un buen montón de paciencia.

        Y de cabezonería